Skip to main content

por Reyes Eguilior / Fundadora Customers Room

Para que os hagáis la composición de lugar. Metro de Madrid, línea 4 dirección Pinar de Chamartín, sentada (por suerte he subido al tren al comienzo de trayecto 😊) y con el móvil en la mano. Abro el correo y veo uno de los últimos newsletter de Mujeres a Seguir que siempre reviso porque suelo encontrar contenido que me interesa (aunque siempre voy tarde con mis lecturas).

El primer artículo nos presenta a Nuria Varela-Portas hablando sobre el éxito de su marca Pazo de Vilane y de cómo partiendo de un producto básico y relativamente barato han dado el giro hacia un producto gourmet. El caso, pienso, es que el nombre de la marca me suena y antes de ver la foto, me digo ¡si son los huevos que compro! Y sí, a mí me parecen gourmet.

Pincho en el enlace dispuesta a seguir leyendo sobre este caso de éxito mientras pienso en cuál ha podido ser el valor diferencial para llegar a él. El packaging, el branding, la calidad del producto… así andaba pensando yo, en ese mix clásico cuando descubro entre feliz y sorprendida la siguiente afirmación “en Pazo de Vilane no fabricamos huevos, cuidamos gallinas”. ¡Ah, qué gusto de eslogan!” digo para mis adentros mientras recorro con la vista a las personas que viajan conmigo en el vagón. Saboreo la frase, me deleito con su significado y miro a mis pares pensando un poco amargamente “seguramente esas gallinas son tratadas mejor que algunos de los aquí presentes”.

Porque, y siendo simplistas, el trabajo de las gallinas es poner huevos y, sabiendo el valor y el esfuerzo que eso supone y el entorno favorable y saludable necesario para facilitar la tarea y así conseguir resultados óptimos, la empresa que las cría se preocupa de su bienestar, alejando el foco del producto hacia la fuerza productiva. Convencidos de que si se crían unas gallinas felices sus huevos serán de mejor calidad y se conseguirá un entorno sostenible.

Una de las quejas más comunes del capital humano en las empresas es que no se les cuida lo suficiente, que se sienten prescindibles o utilizados (que no aprovechados), que no se les escucha y que su bienestar ya sea mental, emocional o hasta físico es de poca importancia. Y no es que no haya empresas que no hagan esfuerzos, es que muchos de los esfuerzos se imponen de manera unilateral y de arriba a abajo, sin entender las necesidades generales (ya no hablamos de las particulares) de los equipos. Y es que muchas veces no se trata de que te den clases de yoga (bienvenidas sean), sesiones con un psicólogo (nunca pero que nunca están de más) o acciones de team building (la más polémicas de las acciones porque muchas veces exigen dedicar tu tiempo libre a temas relacionados con lo laboral) si no de que te den las herramientas para realizar tu trabajo de manera sencilla, efectiva y sin generar frustración.

La mayor parte de las personas quieren entregar su trabajo de manera eficiente, profesional y a tiempo pero para ello deben poder realizarlo en condiciones óptimas sin pelearse con los sistemas, con los procesos o con otros equipos. También ocurre que estas mismas personas tienen las claves para facilitar las tareas y una visión de conjunto que muchas veces no escala y es desoída. Porque we know better y porque escuchar supone un esfuerzo y un tiempo que normalmente está dedicado a llegar a la cifra que nos dan y a presionar para que todos se sigan remangando. Remando juntos, que se dice, pero algunos remando con las palas de plástico de la playa y ya de paso achicando el agua con el cubito que va a juego, no vaya a ser que la barca se hunda y todos con ella.

Si en todas las empresas se hiciese el esfuerzo de cambiar el foco del producto final (un informe, un ticket, una venta…) al proceso de creación y a la fuerza productiva – sí a las personas – los resultados (quizás no inmediatamente pero sí permanentemente) serían mejores, más rápidos y, lo que es más importante, realizados por personas más satisfechas y con ganas de volver mañana a por más.

Es por ello que encuentro muy loable esta filosofía y manera de hacer negocio que nos hacen llegar desde Pazo de Vilane porque han comprendido cuál es el auténtico valor y que el producto siempre será mejor si quien lo produce lo hace desde la felicidad y la satisfacción. Por supuesto para ello hay que orquestar muchos esfuerzos y asegurarse de que todo y todos comprendan que no es el huevo es la gallina, es la granja, es la distribución, es el aprovechamiento de tus recursos, es, en definitiva, la filosofía sobre la que se construye cualquier proyecto que es medio y fin para tener éxito.

Porque nadie quiere ser una gallina pero ya puestos a elegir todos queremos ser una gallina feliz.

Os dejamos aquí el link a la entrevista ¡no os la perdáis!

#peoplemanagement #employeeexperience #customerexperience #gestióndepersonas #liderazgo